martes, 19 de enero de 2010

EL SER HUMANO


En una casa había una mujer esperando a un hombre, le esperaba haciendo la comida que quería ofrecerle al medio día, siempre procurando hacer las cosas que a el le gustaban (era una cocinera maravillosa). Al llegar el, le recibía con un beso inmenso, lleno de amor, pasión, entrega, excitación, provocación y dulzura, quería notar el efecto que causaban sus besos, sentirle entregado, deseoso y creciendo. Se pegaba mucho a su cuerpo para notarle y cuando lo sentía.... con un poco de picardía le preguntaba ¿has desayunado? preparándole una taza de café descafeinado con leche y pastas, bollos, o lo que creía que le gustaba, vivía para el..
Se sentaban en un sillón, frente a la televisión en donde había una mesa baja y se ponían a degustar lo que ella había preparado, ella no tomaba mucho ya que se alimentaba con verle comer a él.
A veces ella se ponía una falda que dejaba ver sus piernas, que el miraba de reojo, como disimulando y ella, que se daba cuenta, empezaba a acomodarse para que, apoyándose en el reposabrazos del tresillo, pudiera estar frente a él y como sin querer sus rodillas se empezaban a separar y a moverse. La tela de su blusa, jersey o camiseta siempre era lo suficientemente fina como para que se notaran perfectamente como dos botoncitos sobresalían desafiantes.
Ella hablaba de cosas, de muchas cosas, pero se daba cuenta de que los ojos de el iban de su cara a su escote y bajando recorría, disimuladamente todo su cuerpo, entonces se acomodaba más y dejaba ver ya no sólo sus rodillas sino sus muslos.
En su cara se dibujaba una sonrisa triunfante, el estaba nervioso y al mirarle a los ojos el desviaba la vista de donde la tenía, disimulando. Pero entonces se dio cuenta de que si el notaba que los ojos de ella se posaban en la parte del cuerpo de él, que el procuraba disimular ya que su excitación era patente, se excitaba aún más y más patente se veía a través de la tela de su pantalón.
El trataba de disimular, a toda costa, la enorme excitación que le producían los deliciosos, dulces y suaves intentos de provocación que ella le ofrecía, por el miedo a volver a escuchar una frase, que tantas veces había tenido que aguantar; "SIEMPRE ESTÁS PENSANDO EN LO MISMO" Frase que le había dicho a el la mujer que antes había participado en su vida.
Todavía recuerda la primera vez que, sentados en el sillón, ella, no solo le daba el pié para que el se desatara y la brindara toda su fogosidad, todas las palabras implícitas en cada caricia, todos los "te quiero" mudos pero que a el le parecían la manera muy suya y única, esas frases que seguramente otros hombres la hubieran podido decir, la manera de la que ella podría recordarle a el como único portavoz de las declaraciones continuas de sus sentimientos, no se sentía capar de verbalizar sus pensamientos sin caer en la vulgaridad o, lo que es peor, sin ser todo lo original y único.
Cuando la temperatura de sus pasiones crecía y crecía como consecuencia de la permisividad que ella le demostraba en cada beso, en cada caricia, cuando ella tomó su mano y la posó en su pecho, cuando sintió el calor de sus dedos acariciando la suave firmeza ofrecida, en la guerra incruenta mantenida por las lenguas de ambos intentando conquistar la suavidad de ambas bocas, el gemido surgido, sin remedio, del pecho de ella fue la invitación no verbal a más, fue como si un grito sordo estallara en el cielo de su pasión, fue el "SOY TUYA, TOMAMÉ" más dulce jamás dicho por nadie. Sus manos fueron más atrevidas, se sentía el rey del universo, recibía el enorme óvolo de su aceptación; le ayudaba a buscar, por debajo de la tela, la suave piel de sus pechos agitados, sentirse triunfante al notar sus cimas crecer y clavarse en la palma de su mano, pero...... ¡SI TENGO DOS MANOS! pensó el, así, mientras una sentía el creciente agitamiento como respuesta a sus caricias, la otra empezó a bajar para recorrer todo su ser intentando dejar un reguero de fuego y deseo en su camino. Su corazón latía desbocado, sus frenos se quemaron, pero cuando llegó a los alrededores venusianos, volvieron a surgir los temores, temores que se disiparon al ver como ella separaba despacio sus defensas para ofrecerle el camino franco hacia su destino.
Posó, por encima de su ropa, la palma de la mano en el bosque encantado, para sentir y ofrecer, para buscar y provocar, pero lo que encontró fue más de lo buscado e imaginado, sintió la cálida humedad de una ropa..... Ya no pudo más, ya no necesitaba más, ya se sentía autorizado a todo, ya buscó directamente el contacto con la piel de su deseo, ya sintió como sus dedos se ensortijaban con los rizos del bosque encantado y encontró la gruta suave y acalorada de la que nacía el manantial de su deseo.
Como por encanto, uno de sus dedos desapareció, ella era un puro gemido, gemidos que fueron convirtiéndose en gritos apasionados, gritos que eran la necesidad de tomar aire, aire que necesitaba para los temblores incontrolables de todo su ser.
Las manos de ella no encontraban donde agarrarse, donde asir lo inalcanzable, donde ponerlas para acallar sus gritos y gemidos, se tapaban la boca pero también tenían que agarrar el aire, era una eternidad maravillosa, era un paréntesis en la vida y como por arte de magia, el manantial se desbordó inundando la mano invasora regalándole el grito de placer, alegría y entrega mas inmenso del mundo.
¡Qué verdad es eso de.... después de la tempestad viene la calma!
Eso pensó él y nada más lejos de la realidad. Ella se incorporó, lo miró con unos ojos más que sonrientes, con una expresión en su rostro tal que la nació una sonrisa entre pícara, alegre, retadora y deseosa. Posó su mano en lo indisimulable del cuerpo de el, acercando su cara a la de él, le dijo sin palabras; ahora me toca a mi ¡TE VAS A ENTERAR!
Sin más, empezó a recorrer con sus labios todo su rostro, su cuello, su pecho hasta que se detuvo en la especie de tienda de campaña india que el poseía.
En el camino que fué recorriendo hasta detenerse en esa especie de tienda de campaña india, fué dejando un reguero de fuego, escalofrios, sensaciones y sentimientos, ella quería devolverle todo el placer que había sentido, todo el amor, dulzura, ternura y deseo que había recibido. En sus labios se empezó a dibujar una sonrisa triunfante al notar como el mastil de esa tienda india respondia a las caricias exploradoras que ella le brindaba, por eso decidió eliminar la barrera defensiva de la tela de su pantalón para sentir entre sus dedos la tersa y suave piel de su masculinidad, quería verle derrotado como ella había sido derrotada antes.La trabilla del cinturón se le resistio pero la eliminó, así como la cremallera defensora del destino que buscaba con nerviosismo y cuando, ante sus ojos se presentó en toda su grandeza el resultado de sus caricias antes hechas, notó como al tomarlo entre sus manos un calor la llegó hasta su propio deseo, deseo que volvió a inundarse para facilitar la invasión de lo que tenía rodeado con sus dedos, lo notaba duro, terso y palpitante, porque temblaba y palpitaba como respuesta a sus caricias directas. Empezó a bajar la piel poniendo al descubierto una cabeza brillante y húmeda, dura y tersa, la miró como extasiada y sintió la necesidad de besarla.Cuando el sintió la suave piel de sus labios en su cima excitada, una especie de escalofrio le recorrió todo el cuerpo fué como si hubiera descubierto el mundo pero, cuando la atrevida punta de la lengua de ella empezó a pasar por la conjunción de su cima y la piel guardiana de su dureza palpitante, el supo que no solo estaba dispuesto a dar sino que empezó a desear recibir, sus ojos se abrieron asombrados, sus manos se aferraron a la tela del sofá, su cuerpo se tensó como cuerda de guitarra vibrando por ser tocada, rasgada, punteada y acariciada, sus caderas se elevaron sin querer y la consecuencia de todo esto fué que toda la cima tersa, dura, brillante y palpitante se introdujo el la boca de ella. De la boca de el, se escapó un ¡¡¡¡DIOS!!!! que atronó en toda la habitación y ella empezó a jugar al arrepentimiento, es decir, abarcó con su mano la base y chupando a la invasora de su boca, hizo como si se arrepintiera y la sacó dejándola libre, pero cuando sus labios volvieron a besar la pequeña boquita que el tenia en la cima, la miró y vió como una gotita transparente emanó; triunfante volvió a meterla en su boca repitiendolo una y otra vez como si estuviera diciendo.... ¿lo chupo?.... ¡SIII!.... NO, MEJOR NO..... BUENO.... SI..... NO, NO LO HAGO..... SI.... SI LO HAGO. En cada arrepentimiento y decisión ella notaba como el abandono se instauraba en el. El juego lo repetia una y otra vez, pero más rápidamente, mas deprisa cada vez, mas, mas, mas..... hasta que ya no pudo más.El tomó la cabeza de ella, la levantó y en un movimiento lleno de fuerza, pasión, deseo, excitación, lujuria y desenfreno, la tumbó en el sofá, separó sus piernas y poniendose entre ellas invadió de un solo golpe su gruta inundada hasta que el bosque encantado, que antes había ensortijado sus dedos, se enredó con los rizos de su deseo al chocar bosque y rizos en ese deseo de invasión que a el le poseyó. Ahora era el quien jugaba al arrepentimiento, entrando y saliendo de ella con fuerza apasionada, el quería notar el final de ella en la cima de su deseo y en cada arremetida los pechos de ella bailaban a su compás, los gemidos de ella seguian el ritmo, ahora la boca de ella era como la de un pez fuera del agua, se bebía el aire a bocanadas, los ojos de ella se abrian y cerraban de la misma manera que su boca buscando el aire que parecia faltarla..... hasta que dos gritos surgieron de sus bocas y dos manantiales se desbordaron. El de ella inundó los rizos y el de el chocó con el final de ella, llenandola y haciéndola sentir como ese desbordamiento hacía que sus muslos notaran deslizarse las gotas calientes y casi abrasadoras que salían de su cueva inundada de pasión.
Un día ella tuvo que ir a trabajar y le dejó su ordenador para que hiciera, mientras que la esperaba unas cosas que el necesitaba, según la dijo, se despidieron con un "te quiero" y un "volveré en cuanto pueda"El se puso frente a ese ordenador desconocido y buscó el Word para escribirla algo que la sorprendiera y al mismo tiempo excitara, quería provocarla con una declaración de amor nacida desde dentro de su corazón y su alma, abrió un archivo que le pareció que era lo que buscaba y se encontró con una conversación que ella había mantenido en un chat, el mismo chat por el que el hablaba con ella cuando no estaban juntos. El creia que era una de sus conversaciones y quiso recordar algunos momentos vividos entre ellos, pero......... no recordaba nada de lo que ahi estaba escrito, se dió cuenta de que esa conversación no la habían tenido y con asombro descubrió que hacía poco tiempo ella había mantenido una charla con otro hombre, que no conocía dado que se empezaron a presentar el uno al otro.La curiosidad y el asombro empezaron a animarle a seguir leyendo, cuanto más leía más disminuia la curiosidad y más aumentaba el asombro porque lo que en un principio parecía una conversación de dos desconocidos presentándose, fué, poco a poco, derivando hacia otros derroteros muy distintos con preguntas cada vez más provocadoras, por parte de ella. Cuando empezó a leer que ella le preguntaba donde vivia el, proponiéndole ir a verle para pasar la noche juntos, el hombre con quien estaba chateando la dijo que estaba casado y la preguntó ¿pero que hago con mi mujer? Ella insistió, se notaba que deseaba verle y lo que es peor, quería entregarse a el como fuera, el se negaba e incluso parecía atemorizado, miedoso, temeroso de algo, al ver como ella le proponia, implícitamente, follar con el, un perfecto desconocido que acababa de coincidir en un chat anónimo.Ella le provocaba con frases llenas de intención, quería conseguirle a toda costa y el se negaba una y otra vez, hasta que el decidió despedirse aduciendo que le llamaban, o algo parecido, con educación y ella le contestó con un "TU TE LO PIERDES" como ultimo intento de conseguir su propósito.
No daba crédito a lo que había leido ¡El amor de su vida intentando follar (que no hacer el amor) con un desconocido! que..... ¡si el hubiera accedido....!Poco a poco su cabeza se empezó a llenar de preguntas..... Si he encontrado esta conversación por casualidad ¿cuantas conversaciones más habría? ¿habrá conseguido su proposito con otros hombres? ¿cuantos? Ya le daba igual, con lo que había leido era suficiente. Sintió como si el mundo se derrumbara encima de el........ volvieron las preguntas, pero diferentes y únicas ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?.Sintió como si su pecho se negara a respirar, como si su corazón hubiera dejado de existir de tanto dolor, como si se hubieran clavado tantas dagas de filo cortante y acero templado como frases había leido dedicadas a otro hombre ¡Y ENCIMA DESCONOCIDO! ¡EL LA CONOCIÓ DE LA MISMA MANERA! y se sintió, no solo engañado y traicionado sino conquistado para ser mostrado como un trofeo más.... su cabeza era un hervidero.... ¡AHORA ENTIENDO PORQUE ME DIJO QUE NO ME ENAMORARA DE ELLA!.Tuvo la tentación de buscar más conversaciones, que estaba seguro que existian, pero decidió que ya era suficiente ¿para que más dolor?Cuando se dispuso a apagar ese maldito ordenador y marcharse de ahí, apareció ella.Lo que pasó despues, es imaginable. Tras muchas mentiras defensivas, por parte de ella, terminó reconociendo que era verdad, pero que había sido un error.
La auténtica verdad, la auténtica realidad es que, desde ese día todo cambió entre ellos.
Ella se empeñaba en intentar convencerle, en un principio, de la equivocación en la que se había metido y por la que le juzgaba, le reprochaba incluso su falta de comprensión y el callaba, callaba por no querer discutir, por no querer pensar, por no querer herir y callaba, pero ya no era como antes, no podía ser como antes. No sólo fue el hecho de una simple conversación, más o menos atrevida. En su cabeza martilleaban sin cesar incógnitas; si me ha mentido ¿no es, en su foro interno, por haber deseado tener realmente una cita con aquel hombre? Si él no la hubiera rechazado ¿no hubiera ido a verle? Para su martirio sabía perfectamente la respuesta pero también sabía el resultado si la preguntaba; más mentiras ¡Que sencilla hubiera sido la verdad! Un simple “estaba aburrida y me entretuve jugando con uno de esos idiotas que se creen irresistibles, provocándole para saber hasta dónde llegaría” pero no fue así, la mejor defensa es un buen ataque, ataque resultante inducido por su interior, su sentido de culpa, su miedo a perderle. Esas mentiras realzaban más su convencimiento; si aquel desconocido hubiera aceptado, hubiera ido en su busca.

Desde ese día ya no le salían esos “te quiero” aquellos “te amo” los sinceros “te necesito” Se convirtió, el tantas veces gritado “te deseo” en un “te deseo porque te quiero, no al revés” le era imposible verbalizar sus pensamientos. En su mirada estaban escritos mil “te quiero”, en sus caricias incontables “te amo” en cada beso un “te necesito” rasgado y cada vez que sentía su cuerpo en el suyo, cuando llegaba a su final con su principio, cuatro metas conseguía, cuatro sílabas mudas ganadas, a pulso, con cada uno de sus suspiros “te-de-se-o” Era una lucha interna entablada en su universo de valores una guerra entre su cerebro y su corazón, entre su raciocinio y su sentimiento, una beligerancia abierta y frontal entre lo que debe y lo que quiere ¿debo hacer lo normal o es normal que haga lo que debo? Es que me gusta mirarla ¿no será mi corazón quien quiere ver? Pero es que me siento atraído cuando mis ojos se fijan en el nacimiento de mis montañas preferidas, mi imaginación vuela junto con mis recuerdos cuando se sienta provocadoramente frente a mí y mis dedos nerviosamente se agitan disimuladamente para volver a sentir la suave piel de su ser ¿no será mi deseo quien quiere tocar? ¡Quiero llenarla de mí! Y cerrando sus ojos grita silenciosamente a su Pepito Grillo ¡Cierra los tuyos!

Un día, cuando estaba guerreando consigo mismo, una frase le liberó de su autismo liberador; Como desearía tener un hijo tuyo, escuchó. Abrió los ojos y se encontró con una sonrisa feliz, soñadora ¿te imaginas? Un pequeñín como tú, con tus ojos, tu sonrisa, me haría compañía cuando no estés conmigo. La cara de asombro de él era tan palpable, entre incredulidad, miedo e incluso humor, como un resorte imposible de haber sido planeado contestó; ¿y si es una pequeñina? Una carcajada salió de ambas gargantas que dio como resultado un beso profundo, pero una especie de lucecita se quedó como testigo de algo, no sabía bien de qué, pero algo se instaló en su memoria. Mientras besaba y era besado, acariciaba y era acariciado, amaba y era amado, se miraban, se deleitaban el uno del otro, se daban y se recibían, la visión de sus cuerpos temblorosos, la expresión de sus rostros era especial, ninguno era consciente de ello pero el otro si, cada uno se excitaba por las insinuaciones silenciosas de las facciones del otro, eran ¡tan especiales!; abandono, generosidad, egoísmo, placer, sensualidad, entrega, aceptación. Entró en ella buscando el feliz final, la explosión previa a la paz y al sosiego, sintió como si millones de lenguas ardientes acariciaban su masculinidad henchida de placer, los gemidos de ella junto con su respiración agitada mientras que su cabeza iba de un lado a otro le anunciaban el clímax, entraron en esa espiral contagiosa en la que el placer de uno provocaba al del otro. El ya no podía aguantar más y cuando quiso salir de ella para inundar todo su cuerpo, ella lo retuvo gritándole sensualmente “no te salgas amor, lléname de ti, échamelo dentro, quémame las entrañas, quiero sentirte totalmente” y esa lucecita incomprendida se iluminó, salió de ella y las gotas blancas la hicieron caricias dibujando su contorno en la sábana donde reposaba su pasión, un dibujo hecho de puntos suspensivos. En la tranquilidad resultante de esa guerra invasora, ella le preguntó; ¿por qué no has querido llenarme de ti, amor mío?
(continuará)